Ética

Explicar las implicaciones éticas de la experimentación animal requiere una argumentación más larga de la que podamos dar en esta breve presentación del tema, pese a ello exponemos un pequeño resumen.

La clave está en la siguiente reflexión del Profesor Charles Marbel:

Por qué se experimenta con animales: Porque los animales son como nosotros.

Por qué es moralmente correcto: Porque los animales no son como nosotros.

La experimentación animal se basa en una contradicción lógica.

Decimos que su anatomía, su fisiología, su sistema nervioso… son tan parecidos a los nuestros que los resultados obtenidos en animales son aplicables a la especie humana, pero a la vez dejamos bien claro que los animales son diferentes a nosotras y que, debido a esas diferencias, podemos explotarles y utilizarles para nuestro beneficio.

Esa diferencia profunda e insalvable entre los demás animales y los animales humanos vendría marcada por una característica aparentemente fundamental que sólo los humanos poseen: la inteligencia racional.

El que esta característica discrimine entre individuos cuyas vidas pueden usarse o individuos cuyas vidas tienen un valor en sí mismo, es una argumentación errónea por varios motivos:

– El problema ético de la experimentación se debe al sufrimiento de los animales, algo independiente a su capacidad para desarrollar un lenguaje complejo, tener conciencia del yo o hacer abstracciones de la realidad. Obligar a una coneja a tragar barniz tiene consecuencias dolorosísimas y, como fin último, la muerte. Da igual si la coneja puede contar hasta dos o hasta diez, los vómitos y las úlceras son los mismos. Los animales son capaces de sentir dolor físico y psicológico, y ese debe ser el punto de partida de cualquier argumentación.

– No todas las humanas poseemos un nivel de inteligencia racional superior a la de cualquier animal; bebés, disminuidos intelectuales, personas con parálisis cerebral, etc., carecen de muchas de las capacidades incluidas en el término “inteligencia racional”.

– La inteligencia racional es una de las infinitas características que poseen los animales. Nosotras le hemos dado una especial importancia porque es la característica en la que destacamos, pero en sí misma no es mejor ni peor que la orientación por el magnetismo terrestre, la natación, la visión en ultravioleta, el vuelo, la fuerza o el camuflaje. Todos los animales están adaptados a su medio, destacando cada uno en ciertas características.

– Aún asumiendo que la especie humana sea superior al resto de las especies animales en cuanto a inteligencia racional, no significa que el ser humano sea, en términos absolutos, superior al resto de animales. La superioridad y la inferioridad absolutas no existen; se puede ser superior a alguien en algo, pero no simplemente superior, puesto que muchas características se oponen (por ejemplo, no se puede ser el más ágil y el más robusto a la vez).

En realidad, la única característica que poseen todas las humanas y que no posee ningún otro animal, es la de pertenecer a la especie humana. Y es esta característica la que marca la superioridad humana sobre el resto de animales. Esta discriminación en función de la especie se llama especismo, y viene a decir que el resto de animales son inferiores al ser humano por no pertenecer a la especie humana. Es análogo al racismo (“un individuo de raza blanca es superior a individuos de otras razas por el mero hecho de ser de raza blanca”), al sexismo o a otro tipo de discriminaciones basadas en la superioridad e inferioridad absoluta de los individuos que cumplen o no la característica en cuestión.

La experimentación con animales no es ética por sí misma, independientemente de su validez científica, al igual que la experimentación con humanos tampoco lo es, incluso a pesar de que su utilidad científica es mucho mayor.

Muchas personas defienden la necesidad de que la ciencia avance, pero ninguna de estas personas se ofrece como voluntaria de laboratorio para ayudar en este avance. Ninguno de nosotros quiere sufrir ni morir en nombre de la ciencia, y por eso tampoco podemos obligar a otras a hacerlo. La ciencia tendrá que avanzar con unos objetivos claros (no avanzar por avanzar), hacia aquello que realmente hace falta, y sin dejar víctimas a su paso.

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