Oceanarios y delfinarios

La explotación de animales acuáticos para nuestro entretenimiento se manifiesta fundamentalmente de dos maneras: por un lado, existen grandes acuarios, zoológicos marinos y oceanarios, en los cuales una gran variedad de animales, normalmente pertenecientes a especies marinas y exóticas, son expuestos al gran público. Por otro, en los delfinarios y parques temáticos, los individuos encerrados no sólo son expuestos, sino que además son obligados a hacer trucos para entretener a la audiencia. Muchas veces, como sucede en el Zoo Aquarium de Madrid o El Oceanográfic de Valencia, las dos modalidades se presentan dentro de una misma institución.

En cualquiera de los casos estamos hablando de personas y grandes compañías que se enriquecen a costa de la captura, tráfico, encierro y explotación de muchos individuos. Tras este tipo de diversión existen muchas muertes y un gran sufrimiento, con graves consecuencias físicas y psicológicas que, normalmente, se ocultan al público.

Oceanarios y grandes acuarios

Al igual que sucede en las peceras y pequeños acuarios que podemos encontrar en las casas, en los grandes oceanarios se utilizan todo tipo de técnicas y materiales para recrear el ecosistema de los animales encerrados allí, tanto en las condiciones del agua, temperatura, etc., como en los aspectos dramáticos y decorativos destinados a atraer al público. Lo que no pueden recrear de ningún modo es la libertad, ni el desarrollo natural (a nivel físico, psicológico y social) de las vidas que encierran. Las instalaciones van desde simples piscinas transparentes, hasta sofisticados túneles subacuáticos en los que las espectadoras se ven envueltas por el agua como si estuvieran dentro de ella. En algunos lugares, incluso, llegan a combinarse con atracciones como toboganes acuáticos.

Tobogán tiburón

Lo más común es que estos acuarios estén dentro de zoológicos o parques temáticos, pero también hay museos, hoteles, casinos o centros comerciales que ofrecen este “pasatiempo” a sus clientes. En el Dubai Mall, uno de los centros comerciales más grandes del mundo, existe un gran oceanario de 10 millones de litros de agua, donde habitan más de 33.000 criaturas marinas. Allí tienen que soportar el ir y venir de los más de 100 millones anuales de visitantes. Muchos de estos lugares no tienen límite de aforo, lo que produce unos niveles de estrés en los animales que se hace patente en su comportamiento y en su salud. Las cifras de Dubai Mall sólo son superadas por el Acuario de Georgia (Atlanta), el más grande del mundo, que entre sus múltiples galerías de agua suma 30 millones de litros de agua dulce y salada, y más de 100.000 animales encerrados, incluidos seres enormes como el tiburón ballena.

The Okinawa Churaumi Aquarium, Japan-Whale Sharks tourism destinations

En el Estado Español, todas las grandes ciudades y muchos municipios costeros cuentan con oceanarios como reclamo turístico. El primer acuario marino tropical del estado se inauguró en 1995 en el Zoo de Madrid. El evento fue de tal importancia comercial que modificó el nombre de la institución, pasando a llamarse Zoo Aquarium de Madrid. Cuenta con más de doscientas especies, aunque normalmente sólo promocionan a las que realizan actuaciones, como delfines y leones marinos, y a los grandes especímenes como tiburones, tortugas, o rayas, así como las especies populares para la infancia, como las pirañas o el pez payaso de “Buscando a Nemo”. El resto, podría decirse, es puro atrezzo. Aparte del incesante tránsito de visitantes (de nuevo sin límite de aforo) que algunas usuarias definen como “agobiante”, estos animales se explotan como reclamo para otras promociones, desde cenas de San Valentín hasta acampadas nocturnas entre tiburones o “El día de la bicicleta”.

Cena acuario

El Oceanográfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia se presenta como el mayor acuario de Europa, y abarca diferentes edificios en los que recrea los principales ecosistemas marinos del planeta. Entre la “exposición” y el delfinario, esta gran cárcel acuática encierra más de 45.000 individuos de 500 especies diferentes, incluyendo delfines, belugas, morsas, leones marinos, focas, pingüinos, tortugas, tiburones, rayas, peces sierra y crustáceos de todo tipo. Detrás de cada cifra, hay individuos que han sido privados de su libertad para que alguien los observe a través de un cristal.

Delfinarios y actuaciones con animales marinos

El primer espectáculo con delfines se abrió en St. Augustine (Florida) en 1938. Desde entonces, se han extendido prácticamente sin límite a lo largo del mundo, y otros mamíferos marinos, como orcas o belugas, han pasado a formar parte de esta cruel industria. Las focas, leones marinos, etc. ya venían utilizándose en los circos, y de hecho en los delfinarios realizan el mismo tipo de trucos circenses. La cadena SeaWorld es una de las grandes potencias mundiales en este negocio, con varios parques en Estados Unidos e influencias, acuerdos e intercambios con compañías de todo el planeta. En el Estado Español destacan Marineland en Mallorca, el Zoo Aquarium de Madrid o Loro Parque en Tenerife.

Es imposible especificar cuántos miles de mamíferos marinos cautivos hay en el mundo actualmente, ni de dónde vienen, ya que tanto los inventarios como los controles de la captura y tráfico de estos animales están plagados de irregularidades. Según la base de datos www.orchahome.de, existen 54 orcas encerradas en parques y acuarios, y 159 han muerto desde que comenzaron a utilizarse (sin tener en cuenta las fallecidas durante las cacerías). En cuanto a delfines, se estima que hay cerca de 1000. Por cada uno de estos animales, existe un grupo social en el océano que los ha perdido, que ha sido perseguido o masacrado para su captura.

Según el movimiento “Empty the Tanks”, España es el país europeo con mayor número de delfinarios (11 de un total de 34). De los 289 cetáceos cautivos en Europa, 100 se encuentran en el Estado Español. Además, es el único país europeo que mantiene belugas cautivas y, junto a Francia, el único que explota orcas.

El entrenamiento

Las actuaciones que se llevan a cabo en los delfinarios no son, como pretenden mostrar, una extensión de las habilidades naturales de los animales, sino que se basan en entrenamientos intensos con la comida como instrumento de premio o castigo. Los animales sólo realizan los trucos al oído del silbato porque han aprendido que, si no lo hacen, no obtendrán alimento. Para llegar a aprenderlo, han tenido que fallar repetidas veces, y por tanto pasar hambre y privaciones. Dependiendo del comportamiento que se les quiera enseñar, este proceso puede durar desde dos días hasta varios meses, y en el caso de los animales nacidos en cautividad, se comienza desde el destete. A los adiestramientos destinados al espectáculo en sí, hay que sumar los que se realizan para facilitar su manejo y su control veterinario, por lo que todos los aspectos de su vida consisten en aprendizajes a través de la privación de comida.

Aparte de esto, los animales sufren enfermedades por el estrés y lesiones derivadas del entrenamiento. Por ejemplo, una de las prácticas más comunes en los espectáculos con delfines, el “footpush”, consiste en que las entrenadoras se apoyen en la mandíbula inferior de los animales para ser impulsadas fuera del agua. Esto causa a los delfines rozaduras y problemas en la nariz. Según Albert López: Ex-jefe de entrenadores de mamíferos marinos del Zoo de Barcelona: “la reiterada ejecución de dicho ejercicio provoca a menudo heridas que requieren la baja temporal del delfín para esta práctica. En algunas ocasiones, puede conllevar problemas de columna vertebral, pues el ejercicio requiere un gran esfuerzo para mantener el cuerpo erguido (sobre todo el cuello) bajo la presión que el peso del entrenador supone”.

foot push

En cualquier caso, las técnicas de entrenamiento están envueltas de un alto secretismo. Los grandes delfinarios tienen sus propios programas de formación para las entrenadoras, a quienes normalmente no se exige una preparación previa específica en cuanto al conocimiento de los animales, sino más bien ciertas habilidades de buceo y natación. Algunas personas que han trabajado en este tipo de espectáculos, declaran que incluso se les oculta deliberadamente los riesgos que conllevan, y el sufrimiento que generan al resto de animales involucrados.

En los delfinarios, aparte de ser expuestos como objetos, los animales realizan varias actuaciones al día. En el Zoo Aquarium de Madrid, por ejemplo, hay entre 3 y 5 exhibiciones diarias, a las que en verano se añade un espectáculo nocturno. En algunos lugares se explota también la posibilidad de interactuar con ellos, ofreciendo al público jornadas “cara a cara” con los delfines, fotografías en su lomo, etc.

¿Educación y conservación?

Todas estas instituciones suelen mostrarse como proyectos divulgativos y de conservación, emulando muchas veces las características arquitectónicas de los museos. Incluso colaboran en programas de rescate para lavar su imagen; pero la realidad es que son grandes negocios, en muchos casos franquicias que a su vez pertenecen a cadenas y a importantes grupos empresariales, como Parques Reunidos y Aspro Parks (dos de los mayores operadores de Europa de parques y centros de ocio) o SeaWorld en Norteamérica. Para estas compañías, la divulgación científica es una excusa, ya que los animales son meros recursos con los que comerciar y de los que extraer dinero. Prueba de ello es que las mismas empresas poseen parques de atracciones de otro tipo y compiten en el sector del ocio. Incluso pueden tener intereses económicos en otras industrias altamente contaminantes y destructivas para el hábitat natural de los animales que pretenden “conservar”.

Además, en la publicidad de los grandes acuarios, puede encontrarse infinidad de información y curiosidades sobre cómo sería la vida de estos animales en la naturaleza; pero pocas veces o nunca se toman la molestia de explicar cómo les han sacado de su hábitat, de dónde vienen, cómo han sido capturados, criados y trasladados, y cuáles son para ellos las consecuencias del encierro. No existe ningún rigor científico en explicar a través del cautiverio cómo es la vida en libertad.

En lo que se refiere a la educación, es un sinsentido pretender transmitir unos valores de respeto hacia los demás animales alejándolos de su medio, encerrándoles de por vida y obligándoles a realizar trucos antinaturales para ganar dinero y entretenernos. Los valores que pueden aprenderse a través de este tipo de espacios son, en todo caso, valores destructivos y opresivos.

Por otro lado, la captura y tráfico de animales para zoos, circos, acuarios y delfinarios, no sólo no contribuye a su conservación en el medio natural, sino que en muchos casos es una de las principales causas de la destrucción de dicho medio.

Según Ric O´Barry, ex-entrenador de delfines y actualmente activista para su liberación, reintroducir a todos estos animales en la vida en libertad, podría ser más fácil y barato de lo que ha sido capturarlos y “adaptarlos” a la cautividad; por lo que no cabe duda de cuál es la verdadera finalidad de estos negocios.

Captura, transporte y cría en cautividad

Mamíferos marinos

Hasta finales de los años 70, Estados Unidos y Canadá capturaban en sus propias costas a los animales que iban a utilizar en los delfinarios. En el caso de las orcas, se utilizaban aviones vigía para avistarlas, y lograban acorralar al grupo mediante el uso de lanchas que arrojaban bombas al agua. De este modo, las conducían a caletas o estuarios y allí los barcos pesqueros extendían sus redes de cerco para que ninguna pudiera escapar. Se llevaban a las pequeñas, mientras el resto del grupo luchaba por salvarlas. Aparte de los animales capturados, muchas resultaban muertas, por lo que las abrían en canal y las llenaban de rocas para hundirlas y ocultar las pruebas. Cuando se hicieron públicas estas prácticas y se prohibieron, los parques acuáticos comenzaron a obtener sus capturas de Islandia.

Procesos parecidos siguieron las belugas, que comenzaron a suministrarse desde Rusia cuando se prohibió su cacería en Canadá; o los delfines, que comenzaron a obtenerse a través de negocios con los pescadores japoneses.

En lugares como Iki, y posteriormente Taiji, se han documentado matanzas anuales de delfines. Siguiendo una técnica parecida a la de las orcas, se les desvía mediante ultrasonidos hasta una ensenada. Allí, los responsables de los parques acuáticos eligen a los más jóvenes y atractivos, que se capturan cuerpo a cuerpo, y el resto son masacrados para la venta de su carne. En cada una de estas cacerías pueden morir entre 400 ó 500 delfines, sólo para que 4 ó 5 terminen haciendo trucos en un delfinario.

matanza-taiji

Los cambios legislativos y geográficos no sólo no han modificado la crueldad con la que se captura a estos animales, sino que añaden un gran sufrimiento, al obligarles a soportar largos viajes y trámites burocráticos. Los animales capturados pueden ser obligados a hacer varios trayectos en avión con el objetivo de eludir determinados espacios aéreos por las restricciones legales de algunos países. También pueden llegar a esperar meses, e incluso años, en lugares de tránsito hasta que se obtienen los permisos para trasladarlos a su lugar de destino. Durante este tiempo pueden estar confinados en pequeñas piscinas, aislados, drogados, etc.

Lo mismo sucede cuando se llevan a cabo planes de reproducción en cautividad para enviar animales de unos países a otros. Los parques SeaWorld, por ejemplo, han pagado grandes cantidades para hacerse con machos a los que utilizan como bancos de semen. La sociedad artificial que se crea en estas piscinas hace que obliguen a ser madres a hembras que no están preparadas para ello, e incluso se producen partos “espectáculo” delante del público. Más tarde, rompen el vínculo madre e hija, que en la naturaleza se prolongaría durante toda la vida, para vender la cría al mejor postor.

Aún así, debido a la endogamia y otros factores, no se puede sostener una comunidad sana en cautividad, y este tipo de programas de reproducción no sustituyen a las capturas. En todo caso, ni ser arrebatados de su hábitat ni nacer cautivos en una piscina constituye una vida digna para estos individuos, ni una alternativa a su situación en la naturaleza.

Peces y otros animales acuáticos

Al igual que en el caso de las peceras y pequeños acuarios, muchos peces y animales de los oceanarios han sido capturados de su hábitat natural, frecuentemente en países asiáticos y con medios altamente lesivos para los ecosistemas como el uso de cianuro. Igualmente, han padecido privaciones y traumáticos traslados en bolsas y cajas durante varias horas o días hasta llegar a su destino.

Los programas de reproducción en cautividad se destinan principalmente a los grandes peces como los tiburones. El Zoo Aquarium de Madrid se vanagloria de ser uno de los pocos en el mundo que ha traído al mundo varias crías de tiburón gris. Su logro no es otro que el de obligar a vivir toda su vida en una piscina a un animal que, en libertad, nadaría a 250 metros de profundidad.

Consecuencias para los animales

Aparte de los padecimientos relacionados con la captura, el transporte y los entrenamientos, la cautividad en sí conlleva para los animales encerrados en los oceanarios y delfinarios una serie de consecuencias físicas, psicológicas y sociales, que están muy relacionadas entre sí.

Sufrimiento psicológico

Como sucede en los zoológicos, circos, y otros centros de encierro, los animales cautivos en grandes acuarios desarrollan comportamientos estereotipados, nadan en círculo, se dejan flotar, etc. La práctica totalidad de orcas macho en cautiverio, por ejemplo, tiene la aleta dorsal vencida, algo que en libertad apenas sucede.

Las instalaciones suelen consistir en grandes tanques de hormigón, donde animales que podrían nadar unos 150 km al día, están confinados en un espacio de pocos metros. En algunos casos, incluso, las piscinas se usan sólo para las exhibiciones, y el espacio habitable para los individuos el resto del tiempo es aún menor. Para animales tan sociales como los mamíferos marinos, el aislamiento y la falta de luz y de estímulos puede conducir a autolesiones, a roer las piscinas y tener problemas estomacales, a enfermedades psicosomáticas como úlceras causadas por el estrés, a negarse a comer o reproducirse, e incluso a la muerte y el suicidio (ya que pueden dejar de respirar voluntariamente).

Delfin en cautiverio

Los animales cautivos muestran su frustración y su rechazo de la situación a través de numerosos intentos de fuga, ataques a los entrenadores, etc. Estos hechos suelen ocultarse al gran público.

Consecuencias sociales

El sufrimiento psicológico está muy relacionado con el tipo de sociedad en la que vivirían estos animales en naturaleza. Normalmente son apartados de una familia o un grupo con el que habrían permanecido de por vida, e introducidos en un colectivo desconocido y artificial, con el que ni siquiera comparten el mismo lenguaje. Esto lleva a rechazos, peleas y ataques, que también conducen a muchos individuos al aislamiento y la muerte. La sociedad de las orcas, por ejemplo, es matriarcal, por lo que los machos en libertad deben mantenerse a cierta distancia. En las piscinas no tienen esta distancia, por lo que pueden ser repetidamente atacados y sufrir graves lesiones.

Algunos tipos de entrenamiento también contribuyen a este tipo de tensiones, ya que en los ejercicios grupales el fallo de un individuo puede acarrear la privación de comida de todo el grupo.

Del mismo modo, la familia que han dejado en el océano, les recuerda y les echa en falta. Las orcas y delfines poseen un cerebro muy grande, con un gran desarrollo del sistema límbico, que es el que procesa las emociones. Las orcas tienen incluso una extensión cerebral de la que las humanas carecemos, y que se cree que podría estar relacionada con los vínculos comunitarios. Durante las cacerías, los pescadores relatan cómo las adultas permanecen al lado de sus crías capturadas hasta el final, aún sabiendo que no pueden salvarlas y que corren peligro si se quedan allí, comunicándose entre ellas.

En cautividad, cuando las crías son arrebatadas a las madres para venderlas a otros parques, éstas muestran claros signos de duelo y emiten sonidos que podrían interpretarse como lamentos.

Sufrimiento físico

Las condiciones del agua y de las instalaciones pueden estar muy lejos de lo que estos animales necesitan para estar saludables y tener una buena esperanza de vida. Raras veces llegan a la edad que podrían alcanzar en libertad. Los leones marinos, por ejemplo, podrían vivir bastante más de 20 años en la naturaleza, mientras que en cautividad suelen morir entre los 10 y los 15. Durante este tiempo, pueden vivir con úlceras y ampollas, con los ojos hinchados por la falta de sombra (ya que los espacios abiertos son más atractivos para las visitantes y frecuentemente esto está por encima del respeto a las necesidades de los animales), por el desequilibrio en la salinidad del agua o, simplemente, por el reflejo de la luz del sol en el fondo de la piscina.

Las orcas tienen una esperanza de vida similar a la de los humanos (desde 60 hasta 90 ó 100 años en el caso de las hembras), y sin embargo en los delfinarios raramente superan los 30. Las lesiones que se producen entre ellas, en los entrenamientos, y por causa del estrés, les llevan a muertes prematuras. Lo mismo puede decirse de los delfines.

Tal y como detallamos en la sección de pescado y marisco, los peces y otros habitantes del mar también tienen la capacidad de sufrir física y emocionalmente, por lo que las consecuencias del cautiverio son igualmente destructivas para ellos.

 

Fuentes

http://losmejorestop10.blogspot.com.es/2013/03/los-acuarios-mas-grandes-del-mundo.html

http://www.zoomadrid.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Parque_zool%C3%B3gico_de_Madrid

http://www.pequepolis.com/opinion-zoo-de-madrid.htm

http://www.asproparks.com

http://blackfishmovie.com/

http://www.orcahome.de/

http://afallfromfreedom.org/

http://www.emptythetanksworldwide.com/

http://www.vidasenjauladas.org/

Hribal, J.(2010) Fear of the animal planet. The hidden history of animal resistance. Counter Punch and AKA Press

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