Peleas de perros

Las peleas de perros consisten en enfrentar a dos (o más) perros para que luchen entre sí mordiéndose, ante las espectadoras que, en la práctica totalidad de los casos, hacen apuestas.

Historia

Se ha documentado la práctica de peleas de perros en muchas culturas, y se cree que existen desde los inicios de la domesticación de animales. El ejemplo más famoso de la antigüedad en cuanto a deportes sangrientos con animales lo encontramos en el Coliseo de Roma, y alcanzan su apogeo en el s. XVI. El cruce intencionado entre perros, con el fin de acentuar las capacidades para la pelea, ha tenido como resultado algunas de las que hoy se conocen como razas peligrosas (pitbull, bull terrier, presa canario, etc.). Las peleas de perros son muy populares en gran cantidad de países, independientemente de que en algunos sea ilegal y en otros no.

Funcionamiento

El carácter ilegal de las peleas de perros determina en gran manera la forma en que éstas se organizan. Las convocatorias se lanzan siempre de forma camuflada, a través de anuncios cifrados en los periódicos, foros, chats o vía telefónica. Si existe la menor sospecha de que el evento ha sido detectado por la policía, se suspende automáticamente.

Las peleas suelen ser en la modalidad “matar o morir”, las perras utilizadas para pelear no suelen aguantar más de 4 ó 5 combates. Las cantidades apostadas dependen de la envergadura del evento, se hacen peleas de bajo “nivel” en medio del campo con perras de cualquier raza donde las apuestas rondan los 30 euros, y se hacen peleas “de élite” en las que participa gente con gran poder adquisitivo y las apuestas se disparan a miles de euros.

Adiestramiento

El entrenamiento de un perro destinado a pelear tiene dos partes: la psicológica y la física. Ambas son de una dureza extrema.

Psicológicamente, se busca fomentar la agresividad del perro todo lo posible, para que sea fiero en el combate. Para lograr este estado mental, lo primero es desquiciar al animal. Se les encierra durante horas en pequeños cubículos a oscuras, se les golpea, se les pincha, se les araña, se les somete a situaciones de mucho estrés. También se utilizan drogas, especialmente anfetaminas, para conseguir este estado. Se droga al perro hasta hacer que se vuelva adicto, y luego se le corta el suministro, para volverlo más irascible y violento. Cuando el perro está debilitado, se le enseña que la manera que tiene de resarcir su autoestima es peleando contra otros perros. Es ahí donde entra en juego la figura del sparring. Los sparring son perros que se utilizan para entrenar al perro luchador. Suelen ser más pequeños o menos fieros que el perro que se quiere entrenar, para que los vaya venciendo y se vaya creciendo. Los sparring suelen ser perros robados, muchos a particulares pero también a albergues y protectoras (por supuesto, casi todos mueren durante estas prácticas).

En el plano físico, se busca que el perro desarrolle al máximo su mordida y su resistencia física. Para ello se recurre a técnicas como atarlos a coches para obligarlos a correr a gran velocidad, colgarlos de ruedas de coche que el perro muerde y dejarlos así durante horas, colocarlos en una especie de noria para que corra hasta quedar exhausto, etc.

Negocio

En España, Francia, Italia y Latinoamérica el negocio clandestino de las peleas de perros mueve millones de euros. Según el informe italiano Zoomafia 2001 (que, aunque un poco desfasado, nos puede ayudar a hacernos una idea bastante aproximada), la mafia italiana ingresa cada año, sólo por peleas de perros, 750 millones de euros (casi 125.000 millones de las antiguas pesetas). En Europa, dependiendo de la experiencia y currículum de los perros que peleen, la apuesta mínima es de 50 euros y el premio ronda los 500 euros por pelea y perro. El negocio de las peleas de perros se asocia estrechamente con el tráfico de animales (exóticos y domésticos) y al contrabando y tráfico de drogas y armas.

Aspectos legales

A día de hoy la legislación española, en el capítulo III de la Ley 50/1999 considera infracciones muy graves el adiestramiento para aumentar la agresividad de un animal y la celebración de concursos o espectáculos que sirvan para demostrar su agresividad (ahí entrarían las peleas de perros). En todo caso, hablamos de una sanción administrativa que va de las 400.001 a los 2.500.000 pesetas (así, en pesetas, es como está escrito), ya que es una norma administrativa y no penal.

No obstante, todo lo que dice la Ley 50/1999 puede ser modificado, ampliado o especificado por reglamentos autonómicos o municipales (siempre y cuando no afecten a los elementos esenciales de la Ley). Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, la Ley 1/2000, de 11 de febrero, de Protección de Animales Domésticos endurece los requisitos de posesión, tenencia o circulación de animales, mientras que en Euskadi éstos se han vuelto más laxos porque ya no exigen un certificado de aptitud psicológica para poder obtener la licencia de poseedor de un animal potencialmente peligroso (este certificado se pide en el artículo 3 de la Ley 50/1999).

El Capítulo IV del Título XVI del Código Penal se refiere a los delitos relativos a la protección de la flora, la fauna y animales domésticos. En él, el artículo 337 CP establece que “los que maltrataren con ensañamiento e injustificadamente a animales domésticos causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscabo físico serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales”. Por tanto, alguien podría argumentar que si una persona entrena a un perro para que éste ataque a otro y lo maltrate con enseñamiento, está cometiendo este delito.

No obstante, según los principios penales de mínima intervención y última ratio (que estipulan que sólo se puede apelar al Derecho penal cuando fallan todas las demás formas jurídicas, no ante cualquier controversia), si existe otra vía para solucionar el problema de las peleas de perras -como es la vía del Derecho administrativo -, se debe usar ésta. Por consiguiente, se puede concluir que el Derecho penal no se aplica para los casos de peleas de perros.

Por último, recordar que existe un listado oficial de razas consideradas peligrosas y una legislación específica para quienes convivan con perros de dichas razas. Estas listas de perros potencialmente peligrosos y las diferentes legislaciones que se están aplicando al respecto, cuentan con la oposición de las asociaciones de veterinarios (p.e, la Federación Europea de Asociaciones de Veterinarios de Animales de Compañía), que basan sus argumentaciones en dos principios básicos. El primero, que no existen razas peligrosas per se, sino que es la educación y el trato que recibe cada perro lo que hará de él un individuo sociable o antisocial, equilibrado o agresivo. Poner el acento en la raza es absurdo e ineficaz, teniendo en cuenta que no hay un consenso sobre qué razas son peligrosas y cuáles no. Así, por ejemplo, en Alemania cada región tiene su propia ley al respecto, variando la cifra de razas potencialmente peligrosas de 3 a 13; en Suecia se prohíben sólo los híbridos de lobo; en Holanda, sólo los Pit-bull, etc. El segundo principio, es que la ley que está en vigor dificulta y prácticamente impide la correcta socialización de las perras pertenecientes a las razas consideradas potencialmente peligrosas, al obligar a sus dueñas a colocarles permanentemente el bozal y la correa cada vez que salgan a la vía pública. Precisamente, la falta de socialización es señalada por las veterinarias como una de las principales causas de agresividad en las perras.

Fuentes

-http://es.wikipedia.org/wiki/Pelea_de_perros

-Informe sobre los ‘Perros Potencialmente Peligrosos’, Manuel Lazaro Ribio, septiembre de 2002. Original en :http://www.asocan.com

-http://www.lookandbet.com/2009/02/apuestas-de-peleas-de-perros.html

-http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=153

-http://ecosofia.org/2006/04/peleas_perros_ilegal_cruel_dogfights

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