Pescado y marisco

Los peces y otros seres acuáticos también son animales con capacidad de sentir y de sufrir. Sin embargo,  padecen las consecuencias del especismo de una manera particular. No sólo no son tenidos en cuenta como individuos sino que, además, muchas veces no son ni siquiera tenidos en cuenta como animales. A su cría en cautividad se le suele denominar “cultivo”, sus capturas y muertes se cuentan por toneladas, y es frecuente que se incluyan en alimentos o dietas falsamente denominadas “vegetarianas”. Sin embargo, lo que habitualmente conocemos con nombres genéricos como “pescado” o “marisco” incluye millones de individuos de cientos de especies diferentes, cada uno con sus particularidades, y cuya explotación genera tanto o más sufrimiento que la de animales terrestres.

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En lo que se refiere a la alimentación, los productos obtenidos de animales acuáticos pueden provenir de la pesca, o bien de la acuicultura.

¿Qué es la pesca?

La pesca es la acción de sacar del agua y capturar peces y otras especies acuáticas para el consumo humano. Se trata de una de las primeras actividades económicas desarrolladas por el hombre, teniendo en cuenta que las bases de la alimentación prehistórica se realizaban a nivel individual y familiar, por contacto directo con la naturaleza.

En el mundo de hoy es preciso distinguir entre la pesca de manutención y la comercial:

- La pesca de manutención se efectúa al margen de cualquier estructura del mercado. Su  único objetivo es satisfacer las necesidades alimenticias inmediatas de determinados grupos humanos con escasa o nula organización económica, y se desarrolla de forma primaria. Los esquimales, algunas tribus africanas y oceánicas, colectividades asiáticas, etc. realizan este tipo de actividades pesqueras.

- La pesca comercial tiene lugar a través de una complejidad orgánica determinada. Cuenta con el mercado como institución de tráfico y posee una amplitud y alcance sustanciales. Su trayectoria es altamente destructiva y viene determinada por la relación directa entre tres factores: las demandas de consumo, la política pesquera internacional, y la actividad de las corporaciones multinacionales, siempre en conflicto con explotaciones pequeñas.

La pesca industrial a gran escala comenzó en la década de 1950, y avanzó prácticamente sin control hasta que, a finales de los años 90, comenzó a saltar la alarma sobre el descenso de las poblaciones de peces “comestibles” (algunos estudios estiman que ha desaparecido hasta el 90% de los grandes peces), sobre los daños colaterales a especies protegidas como tortugas y mamíferos marinos, y sobre los peligros de la sobrepesca para el equilibrio de los ecosistemas.

tortuga en red

Según datos de 2009, la industria palangrera lanza al mar 1400 millones de anzuelos al año, repartidos en líneas de cabo que podrían rodear 550 veces el planeta Tierra. Las redes de arrastre, por su parte, pueden ser tan grandes como para abarcar 13 aviones Boeing 747, y su actividad en el fondo marino es tan intensiva que equivale a arar un campo 7 veces al año, lo cual no permite jamás su recuperación.

Más allá del desastre medioambiental que todo esto supone, no olvidemos que es fuente de dolor y muerte para los millones de individuos implicados. Con las tecnologías actuales, los peces no tienen escapatoria: se utilizan  potentes radares e incluso aviones para localizar los bancos. Aunque algunas de estas actividades son ilegales, la fuerte competencia hace que frecuentemente no se respete la legislación ni en talla, ni en especies, ni en cuotas, ni en técnicas.

A pesar de lo que se suele pensar, la pesca somete a los animales a un gran sufrimiento: en la pesca de arrastre, por ejemplo, los peces son remolcados durante horas, golpeándose con rocas, hacinados con otros individuos, etc. Al ser elevados a la superficie, (normalmente con potentes bombas de succión) sus órganos internos se ven afectados por la rápida descompresión, sus globos oculares pueden llegar a estallar, y sus vísceras pueden salir por la boca. En las almadrabas, los grandes peces son retenidos mientras los pescadores les agreden cuerpo a cuerpo o desde el barco con todo tipo de instrumentos punzantes, para luego ser izados con enormes ganchos mientras aún están vivos. Muchos animales son destripados o troceados cuando todavía están conscientes, o pasan horas de agonía hasta que mueren por asfixia. Otros llegan vivos al restaurante, especialmente en los países asiáticos, o incluso al plato (como las ostras y algunos peces); y gran parte de los crustáceos pasan terribles experiencias hasta terminar cocinados vivos en agua hirviendo.

langostas vivas Alaska Pollack in Trawler Net

Aparte del daño que se causa a cada individuo  capturado y asesinado, y de las graves consecuencias medioambientales como la contaminación de las aguas y la destrucción de los fondos marinos, la pesca es también un claro ejemplo de la explotación humana. Dependiendo del tipo de pesca, las faenas pueden ir desde los 4 a 6 meses en alta mar, hasta salidas diarias. En algunas de estas salidas, como en la pesca de arrastre, las jornadas suelen ser de diez a doce horas de trabajo en el mar, más una o dos en tierra.

Trabajar en el mar es un trabajo duro además de injusto, sostenerse todo el día de pie en unas condiciones desfavorables en la mayoría de los casos aporta una fatiga adicional, a la que nunca acabas de acostumbrarte. Mover cualquier objeto con oleaje significa un esfuerzo muy grande. Los días en que el mar muestra toda su furia, el agotamiento merma la capacidad mental y física, por no añadir el miedo a zozobrar, que siempre permanece oculto en alguna parte del subconsciente y que aflora en las situaciones límite.

A nivel global, la industria pesquera es también responsable de grandes injusticias sociales y medioambientales en el llamado “Tercer Mundo”. Se introducen, por ejemplo, especies foráneas en las masas de agua, creando un desequilibrio ecológico y la muerte de muchos otros peces, así como el mayor empobrecimiento de las poblaciones humanas autóctonas, como sucedió en Tanzania con la introducción por parte de los europeos de la Perca del Nilo en el Lago Victoria.

Tipos de pesca comercial

Según la distancia de la costa

Pesca de Bajura

Es la menos evolucionada. Se realiza en pequeños barcos y con técnicas tradicionales como la caña, el arpón o la red. Este tipo de pesca se efectúa en las proximidades de la costa, y en el mismo día se está de vuelta en el puerto para vender el pescado fresco en las lonjas.

Pesca de Altura

Se realiza con barcos de medio tamaño que suelen salir en pequeñas flotillas a lugares más alejados del litoral, durando el periodo de pesca unos 10 ó 15 días. Utilizan técnicas más modernas y, además,  deben iniciar el proceso de conservación de los peces muertos mediante el mantenimiento en cámaras frigoríficas, la salazón u otros.

Pesca de Gran Altura

Es la que se practica en los lugares más alejados del continente, con barcos de gran tonelaje que faenan en flotas organizadas. Incorporan técnicas modernas para la localización de los bancos de peces (teledetección, GPS, etc.) y para su posterior captura. Normalmente, las operaciones van dirigidas por un barco-nodriza o factoría, en el cual el resto de la flota va descargando las capturas diarias. Cada una de estas expediciones suele durar varios meses, por lo que en el propio barco factoría se inicia el proceso de transformación: se limpian, trocean y congelan los peces. Los residuos se destinan a la fabricación de piensos y harinas. El 63% de los animales marinos que se consumieron en el Estado Español en 2013, provenía de aguas extracomunitarias.

Según el hábitat de las especies capturadas

Pesca pelágica

Se refiere a la captura de animales marinos que ocupan la columna del agua, es decir, que viven y se capturan más cerca de la superficie. En este grupo se pueden incluir los diferentes tipos de atún, la sardina, la anchoa, el pez espada, los tiburones, etc.

Pesca demersal

Las especies demersales o bentónicas son las que desarrollan su vida o parte de su vida en los fondos marinos, y por tanto son atrapadas allí. Uno de los objetivos principales de este tipo de pesca son los crustáceos, como el camarón o la langosta; pero también abarca algunos peces como el mero o la merluza, y moluscos como el pulpo o el calamar.

Pesca fluvial

Es la pesca de animales que viven en agua dulce, como la trucha, la carpa o determinados tipos de cangrejo. En el Estado Español, la explotación comercial de este tipo de animales está más centrada en importaciones y piscifactorías, ligándose la pesca fluvial con la actividad deportiva y recreativa, más que con el sector alimentario.

Según los métodos y aparejos utilizados

Las herramientas utilizadas para la pesca, llamadas en el mundo pesquero “artes”, se dividen principalmente en tres grupos: anzuelos, redes y utensilios de arrastre. Todos estos aparejos se utilizan también combinados entre sí, dando lugar a una gran variedad de técnicas e instrumentos más sofisticados.

Anzuelo

Es uno de los sistemas de pesca más antiguos. Se trata de un gancho terminado en punta afilada, de manera que cuando el pez lo muerde se lo clava en la garganta y se facilita que pueda ser sacado a la superficie. Para atraer a los peces e incitarles a morder, se utilizan cebos vivos o muertos. Los anzuelos y las herramientas de las que forman parte pueden ser muy simples o muy elaboradas, dependiendo del lugar de pesca y la especie que se quiera capturar.

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Palangre

Se trata de una técnica tradicional, que consiste en un cordel largo del cual cuelgan múltiples ramales con anzuelos en sus extremos. Se usa, por ejemplo, en la pesca del bacalao.

Redes y trampas

Una red consiste en una serie de hilos y tejidos amarrados a un cabo o relinga superior de flotadores, y a uno inferior de plomos. Los tipos de pesca con red son muy distintos (de arrastre, caída, cerco, tiro, enredo…) dependiendo del animal que se pretenda capturar. Las trampas fabricadas con distintos tipos de red o malla también pueden llegar a ser muy sofisticadas.

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Almadraba

Empleada tradicionalmente en el sur del Estado Español para la captura del atún rojo, consiste en una red fija que atrapa a los peces en su interior. Algunos pescadores se introducen en el agua, seleccionan los individuos más grandes, los aturden a golpes o puñaladas, los desangran, los elevan con ganchos y, una vez en el barco, son arponeados hasta la muerte.

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Cerco

El cerco es una de las modalidades de pesca con red. Puede medir entre 250 y 1000 metros de longitud, y unos 40 metros de profundidad. Se trata de un rectángulo que se estrecha hacia sus extremos, denominados puños o “cuas”. En su parte superior lleva un cabo o relinga con corchos que sirven para mantenerlo a flote, y en su parte inferior otra relinga fuertemente lastrada con plomos de la que penden unas “rabizas” (pequeños trozos de cabo de unos 40 centímetros de longitud) con unas argollas de unos 15 centímetros de diámetro por las que pasa un grueso cabo lastrado denominado “jareta”, que sirve para estrangular el arte por la parte inferior, encerrando de este modo los bancos de peces en su interior. Se suele utilizar para la captura de peces de superficie, como sardinas o arenques.

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Existen varios tipos de arte de cerco como son el “arte de atunes” o el “arte claro”, orientados hacia otras especies y que actúan básicamente de la misma manera, cercando los peces y cerrándose en torno a ellos.

Arrastre

La pesca de arrastre, también conocida como “retropesca”, utiliza redes lastradas o enormes rastrillos para barrer el fondo marino y capturar todos los animales que encuentra a su paso. También existen redes de arrastre pelágicas, que se extienden entre aguas a grandes velocidades, pero sin llegar al fondo. Hay una gran variedad de herramientas de arrastre, dependiendo del tipo de pez que se quiera capturar. Se puede realizar desde tierra, aunque frecuentemente se ejecuta con redes que tienen forma de embudo y que son remolcadas por uno o varios barcos.

Este tipo de pesca es la más destructiva con los ecosistemas, ya que no es selectiva: se lleva por delante todo lo que encuentra en su camino, arrasando el fondo marino y sin dejar margen para la recuperación.

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Deriva

Se trata de redes de varios kilómetros de longitud y hasta tres metros de profundidad que flotan a la deriva, amarradas al barco al que pertenecen, e impulsadas por las corrientes marinas. Resultan invisibles para muchos animales, de manera que quedan atrapados en ellas. Están destinadas a la pesca de cefalópodos, salmones, peces espada, etc.; pero es frecuente que mamíferos marinos, aves, tortugas y tiburones, queden atrapados en ellas. En la Unión Europea, está prohibida la utilización de mallas superiores a 2,5 metros de longitud, aunque numerosas investigaciones demuestran que este “arte” se ha seguido ejerciendo de manera ilegal, incluso con fondos públicos europeos, tal y como sucedió en 2008 en Italia según la organización Oceana.

Engorde y cultivo

La pesca de cultivo (de agua marina, salobre y dulce y maricultura, etc.) es la que aumenta la producción de peces interviniendo en su hábitat. La piscicultura emplea concentraciones de peces o crustáceos más amplias criándolos en piscinas; conteniéndolos en las áreas que son productivas naturalmente utilizando jaulas, corrales o redes; proporcionado las estructuras para que puedan sujetarse los animales no móviles, como las ostras, e introduciendo los peces o crustáceos a los hábitats naturales (sembrando los arrecifes, estableciendo áreas de crianzas de almejas, etc.). En las piscifactorías, los animales suelen estar hacinados, se les suministran fármacos y alimentos para el engorde, y sufren por falta de oxígeno, lesiones, infecciones, etc.

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Aparte del sufrimiento que genera a los individuos, la acuicultura  se suele presentar como una alternativa sostenible a la pesca, pero nada más lejos de la realidad: toneladas de peces son capturados en el mar para alimentar a individuos más grandes encerrados en las  granjas de engorde. La pesca intensiva de los últimos años ha acercado a muchas especies a los límites de la extinción, y la acuicultura ha sacado provecho de ello. Un claro ejemplo es el del atún rojo, uno de los casos más críticos, cuya captura en el año 2009 en la Unión Europea superaba 3 veces lo recomendado para su recuperación. Cuando el atún rojo comenzó a escasear en el medio salvaje, se empezó a criar en granjas de engorde. En este tipo de explotaciones, peces atrapados en su medio natural son encerrados y hacinados hasta que alcanzan el tamaño óptimo para su comercialización. En 2011, se anunció que por primera vez se había conseguido criar atún rojo en cautividad, sumándose así a muchos otros seres que nacen, crecen, son manipulados y asesinados en piscinas, sin haber conocido nunca la libertad ni haber desarrollado una vida y unas relaciones naturales.

Las limitaciones a las capturas impuestas por la Unión Europea, supuestamente permitieron que en la temporada de 2014 se recuperase la población de atún rojo. Cuando esto sucede, sirve de pretexto para que, tanto pescadores como empresas de engorde, soliciten un aumento de sus cuotas. También sirve para demostrar que la conservación de las especies les interesa, única y exclusivamente, para poder seguir explotándola, y que no existe ninguna consideración por los peces como individuos. Mientras, la multinacional Mitsubishi sigue guardando ejemplares congelados de atunes rojos para especular con su escasez.

Estos son los pasos que siguen numerosas especies: exterminio, engorde, cría y cautiverio. Y en cada uno de estos pasos hay millones de individuos afectados, tratados como números y objetos, sometidos a la privación de libertad, el sufrimiento y la muerte.

Los individuos afectados

En el Puerto de Vigo, considerado uno de los más importantes del mundo, se pueden descargar entre 80 y 180 toneladas de pescado aproximadamente en un sólo día. Según el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en 2013 se consumieron 26.84 kg. de pescado por persona en el Estado Español. Las cifras de la pesca marítima fijan las capturas en más de 813 millones de kg (peso vivo) en 2012. Las estadísticas de acuicultura son las únicas que muestran “unidades” de peces: 1.849.120 individuos “producidos” en el año 2012. Los moluscos y crustáceos siguen constando al peso. Con esto nos podemos hacer una idea de la cantidad de seres acuáticos que son asesinados en todo el mundo cada día.

Estos animales resultan desconocidos para la mayoría de los humanos porque no podemos verles en su hábitat natural. Mucha gente piensa que los peces no sienten, que son tontos y que no son individuos, pero la realidad es muy distinta:

Los peces

Capacidades motoras y sensoriales

Muchos peces pueden ver mejor que los gatos, son más sensibles a los cambios de luz que los seres humanos, pueden ver color y percibir la luz ultravioleta, e incluso algunos pueden mover sus ojos en distintas direcciones;  también captan los sonidos internos que hay bajo el agua, tienen un desarrollado sentido del olfato para identificar a otros peces de su especie, y son muy sensibles al tacto, llegando en algunos casos a frotarse entre ellos. Disponen de papilas gustativas en sus labios, bocas y gargantas, y en el abdomen tienen sensores gustativos encima de la extensión final de la pelvis. Como animal con sistema nervioso central, tienen receptores que les informan de los movimientos de sus músculos, del estado de las articulaciones y vísceras, de sus posturas y desplazamientos. Son muy sensibles a los cambios de temperatura.

Memoria y emociones

A pesar del mito de la memoria de los peces, estos animales pueden reconocer a más de un centenar de individuos durante meses, aprenden dónde encontrar comida, en quién confiar y a quién temer, con quién emparejarse y con quién competir.

Pez besito

Según el biólogo marino Michel Fine, los peces emiten sonidos cuando son pinchados o agarrados, apretando su vejiga, rechinando sus dientes o frotando algunos de sus huesos. Producen zumbidos y otros sonidos como si aullaran o sollozaran.
Muchos peces utilizan sus lenguas y labios para construir nidos, conseguir comida o esconder a sus crías del peligro. Muchas veces, al perder la compañía, muestran símbolos de depresión como aletargamiento, palidez o caída de aletas.

El dolor

Está científicamente demostrado por diferentes y numerosos estudios que los peces sienten dolor como cualquier otro animal. Cuando están heridos sufren fuertes movimientos musculares, jadean, e incluso con el dolor muy intenso pueden cambiar de color.
Investigadores holandeses mostraron que los peces capturados con anzuelo experimentan sufrimiento físico. Las carpas estaban dispuestas a padecer hambre durante bastante tiempo después de la traumática experiencia, con tal de evitar la sensación dolorosa.
Aunque hay marcadas diferencias entre las estructuras cerebrales de los peces y los mamíferos (con los que es más fácil sentir empatía), ambos comparten importantes funciones cerebrales.
El comité de asesoramientos del Farm Animal Welfare Council reconoce que los peces sienten miedo, estrés y dolor cuando son sacados del agua, y que los mecanismos psicológicos relacionados son muy similares a los de mamíferos.

No existe, pues, ninguna razón para excluir a los peces y a otros animales acuáticos de nuestro círculo de consideración, para justificar su explotación, ni para diferenciarla de la de otros animales.

Toda la información de la naturaleza y biología de los peces ha sido extraída de las siguientes investigaciones:

Kevin N. Land “Aprendiendo de los peces, desde la cultura de los tres segundos de memoria”
Experimento de Beukema, 1970
Experimentos en la Universidad de Oxford
Experimentos en la Universidad de Edimburgo
Experimento Veneijen y Buwalda 1988
Estudios de sensibilidad y dolor realizados en el Instituto de Edinburghs Roslin

Aunque estamos totalmente en contra de este tipo de investigaciones, hemos querido ponerlas en esta sección para quienes busquen el rigor científico.

Otros habitantes del mar

Aunque no podemos abarcar aquí a todos los animales afectados, y a pesar de que no existe un consenso en la comunidad científica, hay también numerosos estudios que avalan que otros animales marinos tienen la capacidad de sentir dolor y emociones desagradables.

El profesor Robert Elwood realizó un experimento con descargas eléctricas en cangrejos, llegando a la conclusión de que “la forma en la que reaccionan va más allá de un reflejo directo y se ajusta a todos los criterios del dolor”. Anteriormente, el mismo equipo de investigación había concluido que las gambas podían experimentar sufrimiento.

El zoólogo Jaren G. Horsley, experto en  invertebrados, asegura que “las langostas poseen un sofisticado sistema nervioso que, entre otras cosas, les permite percibir y sentir acciones que las lastimen”. Estos animales, que suelen ser troceados y hervidos vivos en las cocinas, en su vida natural pueden llegar a vivir cien años, tienen relaciones sociales complejas y duraderas, utilizan un elaborado sistema de señales para comunicarse, gestan a sus hijas durante 9 meses al igual que las humanas, y poseen capacidades de las que nosotras carecemos, como percibir las sustancias químicas del agua con sus antenas.

Determinados moluscos como los pulpos y las sepias, suelen tener cerebros muy grandes. Tienen sentidos muy desarrollados que compensan su falta de oído, tienen una gran memoria y capacidad de aprendizaje. No sólo disponen de terminaciones nerviosas, sino que los cambios radicales en su entorno les pueden producir estrés y sufrimiento.

En cuanto a los moluscos bivalvos (almejas, mejillones, etc.) la información es escasa. Ya que su sistema nervioso no es central, sino formado por ganglios y cordones, se suele argumentar que no tienen capacidad para sentir dolor o que ésta no se puede demostrar. En cualquier caso, su consumo en nuestra sociedad no responde a una necesidad real (podemos vivir sin alimentarnos de ellos). Ante la duda, su posible interés por vivir y no sufrir está por encima de nuestro interés por su sabor. Nos posicionamos, por tanto, éticamente en contra de alimentarnos de estos animales.

Fuentes

http://www.sentirbajoelagua.com/

http://www.slideshare.net/isaacbuzo/la-pesca-en-espaa

http://www.faocopemed.org/old_copemed/es/activ/research/artfsh.htm

http://www.tinet.cat/mediterranea/html/castella/pesca/tipus/arrastre/arrastre.htm

http://www.minci.gob.ve/reportajes/2/188180/la_pesca_de.html

http://www.clubdelamar.org/indexa.htm

http://consejoprovincialchiloe.blogspot.com/2008/06/desventajas-y-ventajas-de-la-pesca-de.html

http://www.absostenible.es/index.php?id=88

http://www.fao.org/fishery/publications/yearbooks/en

http://oceana.org/

http://personales.ya.com/isaacbuzo

http://www.magrama.gob.es/

http://www.from.es/es/home.aspx?publi=85

http://endoftheline.com/

http://www.animanaturalis.org/p/1146/sienten_dolor_las_langostas

Clover, C. (2004). The End Of The Line: How overfishing is changing the world and what we eat. London: Ebury Press

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